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Competitividad: factor clave para los mercados internacionales

Competitividad: factor clave para los mercados internacionales

09/07/2017

Ante la globalización de los mercados, los acelerados avances tecnológicos, la movilidad de varios factores de la producción, el poder y la velocidad de la producción, una más eficiente fuerza de trabajo en el mundo, el desarrollo de la oficina virtual, los vertiginosos cambios en las telecomunicaciones y los transportes, la innovación como consigna en muchas empresas y la creciente agresividad comercial de múltiples países no queda otra alternativa que inducir y propulsar toda una cultura competitiva en México, sobre todo, en las pequeñas y medianas empresas (PYMES).  

En algunos países de Europa, destacan la planeación a largo plazo, el ahorro permanente de recursos (que, desde luego, repercute en los precios de los productos), la puntualidad exacerbada, la preocupación por una constante capacitación además de la presión por saber más idiomas ante la realidad y el futuro de la Unión Europea. En Asia, sobresalen los siguientes aspectos: el culto por el esfuerzo y el trabajo arduo, el cumplimiento de los compromisos contraídos, los logros a través del trabajo en equipo, la empatía, el gusto por la acción o ejecución, el aprecio por el esfuerzo de otros, la paciencia por las exigencias de los demás, la observación acuciosa de los adelantos ajenos para aprovecharlos, la gran capacidad para escuchar a los clientes y la comunicación efectiva entre los empresarios y los trabajadores.

En el caso de los países norteamericanos, los aspectos más importantes son: la agresividad comercial (particularmente en los Estados Unidos), la gran flexibilidad, la orientación hacia la ejecución de las funciones, la imaginación ilimitada para aplicar a productos y servicios, la preocupación por la actualización, la mentalidad orientada hacia el uso intensivo de la tecnología y hacia lo práctico y simple, la apertura hacia el cambio y el deseo por la reconversión y la transformación tanto individual como en organizaciones, el alto nivel de planeación, el cambio organizacional, el gusto por las técnicas motivacionales y el gran respeto al tiempo.

Todos estos aspectos deben ser tomados en consideración por las empresas mexicana, sobre todo, las PYMES para irlos incorporando en sus recursos humanos a través de la capacitación, el ejemplo y el estímulo hacia el cambio de mentalidad, explicando y demostrando las conveniencias tanto para la empresa como para el particular; además de las implicaciones para poder competir y el beneficio que esto implica para todos. Los empleados y directivos de una firma han de ser conscientes de un hecho fundamental: cuesta cinco veces más atraer a un nuevo cliente que retenerlo. Por consecuencia, tener o adoptar actitudes positivas de otros países es dar pasos valiosos para asegurar la satisfacción del cliente y, al retenerlo, dar una ventaja importante a la empresa.

Cabe destacar que los clientes aprecian enormemente a su proveedor cuando éste les da más de los que ellos esperan en un producto o servicio, sobre todo cuando esto sucede periódicamente. También valoran la comprensión, la flexibilidad, la apertura, la rapidez y la capacidad de respuesta, las notas de agradecimiento o reconocimiento, la retroalimentación, el mantenerlos informados o actualizados, el trato amable y comedido, la aceptación del reemplazo de mercancía defectuosa y los servicios de cortesía extras. Por ello, es responsabilidad de los directivos, ejecutivos o propietarios de la empresa inducir gradualmente en todo su personal estos aspectos de cultura competitiva además de adoptarlos y desarrollarlos ellos mismos.

En particular, las empresas compiten en los mercados internacionales para aumentar las ventas de exportación, obtener utilidades más elevadas, mantenerse o crecer en el mercado, lograr mayor y mejor utilización de la capacidad instalada, reducir la dependencia o riesgo de un solo mercado tradicional o de un mercado extranjero ocasional, extender la vida del producto, obtener nuevo conocimiento y experiencia, aprovechar las ventajas de los tratados y acuerdos comerciales, desarrollar motivación en la empresa, la cual genera logros y salvar, en última instancia, el patrimonio de la empresa.

En este sentido, el denominador común se manifiesta en una palabra: competencia. Lo importante es que la empresa no sólo tenga conciencia de esto sino que planee y actúe para responder a ella (cada vez más aguda, cada vez más compleja) tanto en el plano nacional como en el internacional. En la medida en que los mercado se globalizan y la competencia por las divisas del consumidor se intensifica, las empresas deben tomar en cuenta lo siguiente: la calidad a nivel global y un excelente servicio son esenciales para triunfar, la globalización está creando nuevos clientes y competidores, ninguna firma por sí sola puede competir rentablemente para todo tipo de consumidores, el libre comercio no significa que las necesidades de los clientes en diferentes países sean las mismas, las empresas deben replantearse quiénes serán sus diferentes clientes y dónde estarán así como los productos y servicios requeridos con el objetivo de concentrarse en mercados y clientes cuidadosamente seleccionados esto debe convertirse en norma: tratar a los clientes del país como a los extranjeros.

En resumen, el mundo de hoy está lleno de competidores. En todas partes, se habla y se escribe de competencia. No obstante, una buena parte de las empresas, sobre todos las PYMES, se limitan a un conocimiento general o superficial de lo que significa la competencia y la competitividad. Así es que nadie puede negar que vivamos en un mundo muy dinámico, competitivo y competido. Jamás en la historia, el empresario de todas las latitudes se había enfrentado a retos tan difíciles como los actuales. Hoy día, la empresa y su entorno se ven inmersos, en muchas ocasiones, en zonas y variables desconocidas además de nuevas interrelaciones y estructuras que generan presiones sobre la empresa, que la inhiben a crecer, a ser exitosa o, simplemente, a sobrevivir.    

Bajo este contexto, cualquier empresa corre el riesgo de desaparecer ante la aguda competencia, no tanto por su tamaño sino por su debilidad. Por esto, las empresas deben asimilar todo aquello que las convierta en competitivas más allá de los tres factores típicos: precio atractivo, diferenciación y especialidad.

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