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Las PYMES en el contexto de la internacionalización

Las PYMES en el contexto de la internacionalización

12/05/2017

La internacionalización de las empresas se ha basado, en general, en el comportamiento de las transnacionales o los grandes grupos. A pesar del progreso de la pequeña y mediana empresa en la escena internacional, su proceso de internacionalización se ha estudiado poco, por lo que a menudo se ha tratado de explicar su evolución con modelos formulados para las empresas de gran tamaño. Los enfoques clásicos como el que enlaza la internacionalización de la empresa al ciclo de vida del producto no se corresponden con la realidad de un empresa pequeña o mediana que evoluciona en los mercados exteriores. No obstante, en el curso de los últimos años se han realizado más investigaciones al respecto gracias a las nuevas tecnologías de la información.

El lugar de las PYME en la escala internacional es todavía marginal si se comparan sus intercambios comerciales, tanto en volumen como en valor, con los de las empresas transnacionales. Para las PYMES, rebasar las fronteras implica correr riesgos y realizar inversiones crecientes. Si bien no todas esas empresas tienen el interés de trascender la frontera nacional, deben planificar un crecimiento durable de sus negocios en un mercado que no cesa de internacionalizarse.

Para las PYMES que evolucionan en la arena internacional, los desafíos, las opciones de mercado, los riesgos y los frenos son, en proporción, los mismos que conocen las grandes empresas. De cualquier modo, las PYMES poseen algunas ventajas frente a las grandes empresas, sobre todo en términos de flexibilidad y rapidez de intervención pues es raro que su competitividad se deba al concepto de productividad o de economías de escala. La mayoría de las manufactureras producen en series cortas, subcontratan algunas operaciones de producción y fabrican productos a la medida. No obstante, cabe destacar que las PYMES internacionalizadas reflejan una productividad superior a las que no lo son. Por otro lado y más allá de la productividad, su nivel de competitividad en los mercados internacionales descansa en otros elementos, como la flexibilidad y la evolución de la intervención.

La mayoría no dispone de recursos internos para realizar actividades intensivas en investigación. Sin embargo, cuando se trata de internacionalización, tal capacidad de aplicación a un mercado extranjero pierde su eficacia con rapidez. Las diferencias en materia de cultura, de reglas de juego y de prácticas de negocios ponen en tela de juicio la pertinencia del instinto del director de la PYME.

Las PYMES que triunfan más allá de sus fronteras buscan a menudo acrecentar sus conocimientos sobre los nuevos mercados y no dudan en reconsiderar sus hipótesis y poner en duda su olfato, a pesar de que éste sea de gran utilidad en el mercado interno. Para las PYMES que pretenden incursionar en otro país, el error no perdona; el proceso de internacionalización debe planificarse con cuidado porque las posibilidades de una segunda oportunidad son raras. En ciertos casos, los esfuerzos de internacionalización pueden conducir a una empresa a la catástrofe si no se analizan bien. Es necesario un conocimiento previo suficiente de las perspectivas del mercado, de los riesgos y de las condiciones de éxito, a pesar de los limitados recursos financieros de una PYME.

Para crecer, necesitan mayor control de sus negocios y satisfacer las necesidades internas de la empresa, incluida una mayor capacitación y profesionalización del personal así como la adopción de tecnología actualizada o de punta, la introducción de mejoras de la producción y una atención dirigida a las exportaciones, sin olvidarnos de la integración de las PYMES a la cadena de producción como uno de sus principales desafíos para lograr niveles de competitividad más elevados.

Los factores específicos de cada empresa, incluidas las capacidades directivas y administrativas así como los puntos fuertes y débiles de la iniciativa y las relaciones comprador-proveedor son cruciales para determinar la salud comparativa y la posición competitiva de las PYMES. Se considera que sus dos principales virtudes son las actitudes positivas de los empleados y los programas de capacitación o de educación continua. De forma paradójica, los recursos humanos tienen un fuerte peso como una de las debilidades de las PYMES; de hecho, las empresas expresan más preocupación en torno a la gestión de los recursos humanos y la producción que respecto de las finanzas y la comercialización. Para las PYMES invertir en nueva tecnología es imperativo. En una economía abierta como México, la obsolescencia tecnológica se propaga a velocidades insospechadas. Los ciclos de vida de los productos así como de los bienes de capital se tornan cada vez más cortos.

Aumentar el nivel de profesionalismo de la PYME es imperativo si desean participar con éxito en su proceso de internacionalización. El carácter familiar es un punto fuerte y, al mismo tiempo, una gran debilidad. En la medida que las compañías aumenten la complejidad de sus sistemas administrativos, podrá esperarse un mayor grado de profesionalización. Así, el mayor desafío al que se enfrentan las empresas familiares estriba en superar sus propios lastres emocionales que les impiden embarcarse en procesos de cambio. Es importante cambiar la mentalidad de los empresarios mexicanos hacia una cultura en que la calidad y el servicio sean elementos preponderantes.

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