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Una mirada global: China a la cabeza de la tecnología

Una mirada global: China a la cabeza de la tecnología

07/06/2017

La milenaria civilización china tuvo su origen en el margen del Río Amarillo, considerado por la antigua civilización como el centro del mundo; de ahí su nombre “reino del centro”. Con una población de más de 1,300 millones de habitantes, China es hoy uno de los países más habitados del mundo, suman más del 22% de la población total del orbe, además es considerado uno de los países más dinámicos de la región de Asia. Esto representa una fuerte ventaja para la atracción de empresas extranjeras, ya que ha sido, en los últimos tiempos, uno de los países con mayor crecimiento económico, lo cual significa una mejora en el ingreso de su población.

En este sentido, China es el cuarto país más grande del mundo, después de Rusia, Canadá y Estados Unidos, ocupa más de 9 millones de kilómetros cuadrados. En su vasto territorio hay un abanico de diversidad geográfica y climatológica, con extensos desiertos, espectaculares valles e impresionantes montañas que, por su ubicación, belleza e importancia son fuente de una inmensa cantidad de recursos naturales para su utilización en los procesos productivos a costos relativamente bajos (agua, electricidad, tierras, carbón, acero, petróleo y cobre).   

En la década de los noventa, el comercio internacional tuvo cambios que trasformaron la economía mundial, entre estos destacan: reformas estructurales en diversas naciones hacia la innovación tecnológica, acuerdos de libre comercio y apertura de mercados sobreprotegidos.  Las reformas estructurales en China no se realizaron a la usanza sino para fortalecer el mercado interno con la finalidad de que las empresas tuvieran mayores oportunidades a través del papel estratégico de un estado promotor, a diferencia de otros países que optaron por la apertura comercial sin una política industrial que impulsara su mercado interno.

Las reformas económicas de China se pueden resumir en tres periodos: reforma agrícola y rural (1978-1984), reforma industrial y apertura (1984-1986) y la nueva reforma iniciada en 1993 tratando de establecer una economía socialista imaginada como una en la que las fuerzas del mercado jugarían un papel fundamental en un contexto dominado por empresas de propiedad estatal. Con base en estas reformas, China cuenta con una ventaja competitiva en su mercado interno.

Las empresas internacionales buscan en todo el mundo que los factores de producción sean más baratos puesto que la reducción de algunos centavos de dólar por unidad producida puede significar la maximización de sus ganancias. En este sentido, una de las grandes ventajas de China ha sido precisamente el costo de la mano de obra sobre muchos países en desarrollo. China inició en la década de los noventa enormes proyectos de infraestructura en telecomunicaciones, puertos, ferrocarriles, carreteras, aeropuertos, entre otros… La inversión ha sido gradual, planeada, consistente y en grandes montos. Por ello, China goza de un ambiente macroeconómico estable que, sin duda, le permite atraer capitales foráneos para su utilización productiva. En las últimas décadas, China ha mostrado un desempeño favorable con una tasa de empleo que cubre el 58% de la población total.

Gracias a la ola de relocalización de la producción a nivel mundial, China ha sido uno de los países más favorecidos con un número importante de proveedores internacionales, también se han establecido en este país muchas empresas otorgándole un factor competitivo. Cabe decir que China es miembro de la OMC desde el 11 de diciembre del 2001; sin embargo, después de su participación en dicho organismo, un número importante de empresas extranjeras establecidas en el gigante asiático se han tenido que enfrentar a las leyes laborales, las cuales suelen ser muy rígidas.

Aunado a lo anterior, la planeación industrial china ha sido congruente con los objetivos y capacidades de sus empresas. Las tasas de crecimiento del PIB en los últimos años son superiores al 6%. China ha fomentado la participación de la inversión extranjera en la economía nacional para competir en los mercados internacionales a través de incentivos fiscales, arancelarios y estructurales; en ese sentido, las estrategias de desarrollo se han enfocado en lograr una mayor apertura y participación en organismos de cooperación económica. China ha demostrado tener una actitud agresiva y determinada para enfrentar la oportunidad histórica que la globalización le ha ofrecido y, con ello, lograr un crecimiento y desarrollo económico que le ha permitido emerger como una potencia a nivel internacional.

En este contexto, las industrias exportadoras chinas disfrutan de una base nacional más dinámica y desarrollada. Actualmente, China es una de las economías de más rápido crecimiento en el mundo, se ha convertido en una potencia mundial en varias áreas de la tecnología y es líder mundial en muchos ámbitos económicos y sociales.

Esta nación asiática se ha convertido en uno de los países productores del mundo de energía eólica y se ha dado a la tarea de construir el mayor número de plantas atómicas nuevas. China se convirtió en uno de los países líderes en la producción de automóviles nuevos, más del 26% de los automóviles en el mundo son de producción china. Asimismo, en el país asiático se han vendido más teléfonos inteligentes que en cualquier otro país.

En China no sólo se produce y se consume tecnología sino que también se inventa, la oficina de patentes y marcas de ese país ha experimentado un notable crecimiento del registro de patentes y marcas de más de 650 mil solicitudes; cabe decir que el rubro de la computación es el que más inventos registra. China es un país en vanguardia tecnológica con un mercado interno fortalecido, en expansión y un acelerado crecimiento de sus exportaciones que pretende jugar su rol de potencia mundial  y consolidarse como un líder de producción tecnológica.    

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